Hay varios tipos de vendedores ambulantes. Los distintos grupos y subgrupos se diferencian por metodología de venta y producto a vender.
Está el grupo uno, los que te garantizan una existencia perfecta, llena de triunfo y mucho sexo si comprás la birome PIC, la linterna de dinamo o los nuevos chicles Beldent. Tienen una locución digna del mejor programa de cable de la zona sur y te obligan a punta de arma a toquetear su producto hasta que te convenzas de que es indispensable en tu miserable vida. Utilizan sin asco verbos imperativos como "agarrá", "probá" o "revisá" y SIEMPRE tienen lo más nuevo, lo más barato, lo mejor. Dentro de este grupo están los "exclusivos" y los sinceros. Los exclusivos aseguran sin un céntimo de vergüenza que su lapicera de hojalata es Parker y su bufanda escocesa es Burberry (Burberry original eh!). Los sinceros, a diferencia, te aclaran desde que cruzaron la puerta que lo suyo entró de manera ilegal al país. Y saben lo que hacen. Porque cuando pronunciaron la palabra "contrabando" medio colectivo se dio vuelta. Sabios.
Hábitat: subtes, colectivos y trenes.
También está el grupo dos: los mudos. Ellos ni siquiera tratan de apelar a un discurso fundado en barbaridades para venderte algo que obviamente no necesitás y que debería estar envuelto en láminas de oro para convertirse en algo vendible. Se limitan a dejar objetos sobre tus piernas contra tu voluntad esperando que dejes caer el libro y las dos bolsas que tenés en tus manos para encontrarle una posible utilidad a su producto. Pero como todo tiene su lado B, este grupo tiene una ramificación: los quejosos. Esos que no dicen nada hasta que dicen algo. Esos que insultan en silencio a la señora que los miró mal o que cuando tienen el alicate grande les piden el chico y cuando tienen el chico les piden el grande.
Hábitat: subtes y calle (los quejosos).
Está el grupo uno, los que te garantizan una existencia perfecta, llena de triunfo y mucho sexo si comprás la birome PIC, la linterna de dinamo o los nuevos chicles Beldent. Tienen una locución digna del mejor programa de cable de la zona sur y te obligan a punta de arma a toquetear su producto hasta que te convenzas de que es indispensable en tu miserable vida. Utilizan sin asco verbos imperativos como "agarrá", "probá" o "revisá" y SIEMPRE tienen lo más nuevo, lo más barato, lo mejor. Dentro de este grupo están los "exclusivos" y los sinceros. Los exclusivos aseguran sin un céntimo de vergüenza que su lapicera de hojalata es Parker y su bufanda escocesa es Burberry (Burberry original eh!). Los sinceros, a diferencia, te aclaran desde que cruzaron la puerta que lo suyo entró de manera ilegal al país. Y saben lo que hacen. Porque cuando pronunciaron la palabra "contrabando" medio colectivo se dio vuelta. Sabios.
Hábitat: subtes, colectivos y trenes.
También está el grupo dos: los mudos. Ellos ni siquiera tratan de apelar a un discurso fundado en barbaridades para venderte algo que obviamente no necesitás y que debería estar envuelto en láminas de oro para convertirse en algo vendible. Se limitan a dejar objetos sobre tus piernas contra tu voluntad esperando que dejes caer el libro y las dos bolsas que tenés en tus manos para encontrarle una posible utilidad a su producto. Pero como todo tiene su lado B, este grupo tiene una ramificación: los quejosos. Esos que no dicen nada hasta que dicen algo. Esos que insultan en silencio a la señora que los miró mal o que cuando tienen el alicate grande les piden el chico y cuando tienen el chico les piden el grande.
Hábitat: subtes y calle (los quejosos).